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jueves, 11 de septiembre de 2014

Ripley se aleja.



El parque de mi hija. Aquí veníamos a jugar.



Hay una canción de Los Secretos todavía con Enrique que se llama así: "Volver a ser un niño".
Para mí es muy especial. Me llega mucho por Enrique, por sus problemas, tristeza, inseguridad, sensibilidad y vulnerabilidad. Vino a morir a pocos metros de mi casa.




Con uno de estos me partí dos dientes, lo mismos que en la única carrera ciclista que pude ganar y disputando un sprint picando para arriba, el otro escapado y yo nos tocamos, él era mas fuerte tenía mas cuerpo y yo me caí casi en la línea de meta.


Cambié el monopatín por el cubo de Rubik, sin embargo el primero lo conservé muchos años.





Aun quedan fotos en la tarjeta de memoria. Me siento peor, alguno de vosotros ya lo sabéis.
Son las 4:30 de la madrugada. Han vuelto las caídas, el otro día estuve apunto de pedir ayuda a la teleasistencia, tengo un cadena con un botón rojo, si me pasara algo únicamente debo pulsarlo y hablar con ellos a través de un aparato que han instalado en una pared. Ya no me puedo duchar solo. Me han asignado una asistente que me ayuda con eso y se ocupa de mantener la casa limpia. Enseguida empatizamos. Es pequeñita, guapa, bonito color de piel firme y tersa, siempre sonríe, trabaja mucho, estudia sanidad, tiene 39 años y un perro, no quiere niños. Nació en Perú pero vino a España siendo muy pequeña. Es curiosa la conexión que tengo con este país que no conozco personalmente, me viene de familia, desde 1775. Está casada con un madrileño ¡¡¡de mi barrio!!!, ¡Ah! y además hace pesas. No obstante el martes me emocionó y le planté dos besos, como diría el cantante: "uno por mejilla".

Tengo una extraña mezcla de sentimientos encontrados que no sabría explicar. El 17 tengo cita con los neurólogos, para ver como  han salido las pruebas. Se que  algo no va bien.

Las 4:48, hora de acostarse. Escucharé a Janis Joplin, Nadie grita como ella y a mi me relaja, esto, claro, no se lo cuento a la psquiatra, ¡pensaría que estoy loco!