- No has abierto la boca desde que bajamos del autobús.
- Eso no es cierto. Te dije que tuvieras cuidado con aquel tipo del bastón.
- No seas niño no me refiero a eso...
- Sí, ya se que han pasado los tres días.
- ¿Y puedo saber que has pensado?
- Eso ya lo sabes, además ¿que mas da lo que piense si vas a hacerlo de cualquier modo?
- Pero no es lo mismo, yo quiero gustarte...
- Eso no hará que me gustes mas. Puedes estar segura.
- Me hace mucha ilusión. Si me quisieras tanto como dices...
- ¿Y tiene que ser un tío?
- No cariño, no hace falta y tu vas a estar conmigo.
- Sí claro, para que me desmaye cuando te atraviesen el clíto...
- He dicho estar, no tienes por que mirar nada, solo a mis ojos. Nada mas. Bueno y a la boca.
Hazte a la idea de que es como si fueran unos pendientes de perlas.
- Verónica cielo, tu eres la perla que quiero.
- Mira amor, es lo que deseo, me prometiste que me regalarías lo que quisiera por mi cumpleaños.
- Es cierto. En que mala hora. ¿Estaba sobrio?, ¿desde cuando nos hacéis caso las mujeres?.
Entonces cenamos pizza ¿no?
- Es cierto. En que mala hora. ¿Estaba sobrio?, ¿desde cuando nos hacéis caso las mujeres?.
Entonces cenamos pizza ¿no?
